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2017-01-30
Entrevista - Salud ocupacional: Ahora las empresas apuestan por la prevención

 
Comencemos mostrando algunas cifras reveladoras. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cada año mueren más de 2 millones de personas a causa de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo. Se estima que anualmente se producen 270 millones de accidentes en el trabajo y 160 millones de casos de enfermedades profesionales. Realmente son impresionantes las estadísticas y ellas dan cuenta de la necesidad y premura de tomar medidas al respecto. Aunque todavía no existen datos cuantitativos respecto a los accidentes y enfermedades ocupacionales para el Perú, se estima que el costo que genera representa varios puntos porcentuales respecto del Producto Bruto Interno. Es en este marco que la salud ocupacional está cobrando una mayor importancia y difusión entre las empresas. Definición «Según la OIT, la salud ocupacional es el conjunto de actividades multidisciplinarias encaminadas a la promoción, educación, prevención, control, recuperación y rehabilitación de los trabajadores para protegerlos de riesgos relacionados con el trabajo», define César Cano, Director Médico de Control Vital. Por lo tanto, la finalidad de la práctica de la salud ocupacional es promover y proteger la salud de los trabajadores. Eso implica mantener y mejorar su capacidad y habilidad para el trabajo, establecer y conservar un ambiente seguro y saludable para todos, así como promover la adaptación del trabajo a las capacidades de los trabajadores, teniendo en cuenta su estado de salud. Desde la perspectiva de la OIT, el campo de acción de la salud ocupacional es amplio e involucra la prevención de todos los daños derivados del trabajo, los accidentes de trabajo, los trastornos relacionados con el trabajo, incluyendo las enfermedades profesionales, y todos los aspectos relacionados con las interacciones entre el trabajo y la salud. Marco Normativo La esencia de ese enfoque se refleja en el marco normativo peruano, que en los últimos años ha introducido importantes modificaciones. La norma referida es el Reglamento de Seguridad y Salud en el Trabajo -decreto supremo Nº 009-2005-TR-, que tiene poco más de cinco años de vigencia. «Se trata de una norma bastante coherente y se aplica a todos los sectores económicos, es decir, no se limita a aquellos donde existen evidentes riesgos laborales como era anteriormente», explica Orlando de las Casas, especialista en temas laborales del Estudio Jorge Avendaño, Forsyth & Arbe. Su alcance a todas las actividades económicas donde existen riesgos laborales lo distingue del antiguo reglamento de Seguridad e Higiene que regulaba solo al sector industrial, con exigencias relativas a la seguridad y salud en el trabajo para actividades eminentemente riesgosas como la minería y la construcción civil. Entre los rasgos destacados de la norma vigente, Orlando de las Casas destaca el afán de establecer condiciones mínimas que pueden ser luego superadas o mejoradas por las empresas. «Otra gran virtud es que brinda muchas facultades a los trabajadores, a efectos de comprometerlos en el establecimiento de sistemas de seguridad y salud en el trabajo», opina el especialista en temas laborales. Mayor participación En efecto, según el marco legal, en las organizaciones con más de 25 colaboradores, la empresa tiene la obligación de instituir el denominado Comité de Seguridad y Salud, que tiene entre sus funciones hacer cumplir la norma, aprobar el programa anual de seguridad y salud, realizar inspecciones periódicas, reunirse mensualmente para monitorear los avances del plan y las causas de los accidentes y enfermedades, etcétera. «Este comité debe estar integrado por igual cantidad de representantes del empleador como de los trabajadores. Son los trabajadores, en verdad, los que impulsan el comité», asevera Orlando de las Casas. A pesar de las importantes virtudes que goza el Reglamento de Seguridad y Salud en el Trabajo, su aplicación es aún limitada, debido a que es aún relativamente nuevo. De hecho, se incumple bastante, porque muchas empresas entienden que por el hecho de no realizar actividad riesgosa -en apariencia-, no tiene por qué aplicarlo. Pero hay que decir que se trata de una norma bastante completa y moderna. Importancia Si bien el derecho a la salud está fundamentado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según refiere César Cano, su trascendencia para las empresas va mucho más allá, hasta abarcar consideraciones prácticas y estratégicas para la organización. «En suma, invertir en salud y seguridad de los trabajadores implica disminuir las tasas de ausentismo y mejorar la productividad. Un empleado saludable y motivado se va desempeñar mejor en todo sentido, ya sea atendiendo mejor a los clientes, siendo más productivos con las maquinarias y mejorando el clima laboral», anota César Cano. No contar con una adecuada gestión de la salud laboral, por su parte, genera una mayor rotación de personal y eleva los costos de búsqueda y selección de personal de la empresa; por el contrario, una persona saludable va a permanecer más tiempo en la organización, con el efecto positivo que eso tiene en términos de experiencia y expertise. «El capital humano es lo más valioso que tienen las organizaciones, y los directivos son cada vez más conscientes de ello. Por eso ahora están preocupados por prevenir las enfermedades ocupacionales», afirma Jorge Hudtwalcker, Director Médico de Salud Ocupacional y Medicina Preventiva del Centro de Diagnóstico Cantella. Los riesgos laborales Existe una amplia variedad de riesgos y enfermedades laborales que difieren en función del puesto de trabajo, de las características de la actividad y de la industria en la que labora. Según señala Jorge Hudtwalcker, existen básicamente cinco factores de riesgo: físicos, como la exposición a ruidos, radiaciones, temperaturas extremas, deficiente iluminación, etcétera; químicos, como el peligro por combustibles, solventes, polvos, entre otros; riesgos ergonómicos, como, por ejemplo, movimientos repetitivos o falta de adaptación a las herramientas que utiliza el trabajador; y riesgos psicosociales, aquellos que se manifiestan de la interacción con los otros trabajadores o jefes, acosos, trabajos nocturnos, etcétera. Cada uno de ellos pueden generar enfermedades laborales de diversa índole. Por ejemplo, en el sector productivo, el industrial, minería y petróleo, están presentes las enfermedades relacionadas a las afecciones pulmonares, a problemas músculo esqueléticos (especialmente con patologías a nivel de la columna), entre otras. «A nivel mundial los desordenes músculo esqueléticos siguen siendo las enfermedades que ocasionan mayor morbilidad profesional; a nivel nacional aún no existe una información disponible. Pero, existen enfermedades como la silicosis, por ejemplo, que representan un problema socioeconómico debido a que es una enfermedad que produce invalidez», comenta César Cano. La silicosis es una enfermedad del aparato respiratorio que usualmente se produce en personas que se exponen al polvo de sílice, material que está presente en algunas minas. «Dentro del sector servicios, como el retail y el sistema financiero, están extendidos también los trastornos músculo esqueléticos que se manifiestan en problemas de lumbalgia, escoliosis y problemas en las articulaciones», sostiene Roxana Lingan, Gerente General de Talent Consulting. Enfermedad de moda El personal administrativo, por ejemplo, puede estar sujeto a padecer afecciones psicosociales, problemas ergonómicos, etcétera, por las características de su actividad diaria. En lo que concierne a los problemas psicosociales, qué duda cabe que el estrés es la dolencia que aqueja a una cantidad creciente de personas, independientemente del sector o actividad dentro de la que se desenvuelve la compañía en la que labora. El estrés puede condicionar una serie de enfermedades.


Antes se suponía que esta dolencia solo afligía a los ejecutivos, ahora está demostrado que ataca a todos los grupos laborales y todas las profesiones. «Dentro de la pirámide organizacional, lo vas encontrar en todos los eslabones ocupacionales», resalta Roxana Lingan. Pero también se ha hecho evidente que las enfermedades ocupacionales, en general, ahora se están manifestando de forma más temprana. «Ahora encuentras patologías de hipertensión en poblaciones de 30 años, lo que antes se manifestaba a partir de los 45 o 50 años en adelante», explica Roxana Lingan. La ejecutiva de Talent Consulting refiere que las manifestaciones del estrés como el insomnio crónico son muy frecuentes actualmente, es así que muchas personas duermen apenas 4 horas debido a las múltiples responsabilidades que asumen. Se pude afirmar que la población mundial cada vez duerme menos, y en muchos casos menos de lo que debería. Son pocas las personas que cumplen un ciclo completo de sueño. La mayoría ha reducido su período de sueño a solo cuatro o cinco horas. Eso trae consigo falta de vitalidad e irritabilidad permanente y las expresiones emocionales en el entorno laboral se hacen más vulnerables. Como suele suceder, si a todo eso se añade una inadecuada alimentación, particularmente en el desayuno, el cuadro se complica y pude configurar una situación de estrés crónico. En cualquier caso, el deterioro de la calidad de vida del colaborador, va incidir directamente en su producción física e intelectual, mermando su productividad, lo que finalmente va impactar en el desempeño de la organización. Prevenir que eso suceda requiere de una adecuada gestión de los riesgos laborales y las enfermedades ocupacionales. Estrategia Existen varias formas de poner en funcionamiento una estrategia enfocada en la salud ocupacional. César Cano perfila un esquema general de varias etapas que parte con el compromiso de los líderes de la organización, y que incluye a las personas y áreas responsables (como el área de Recursos Humanos y el áreas de salud o bienestar, por ejemplo). Enseguida, se precisa delinear las políticas y los objetivos que se pretende conseguir con el programa, así como la evaluación de riesgos asociados a la salud. Se evalúa los diferentes tipos de riesgos, ya sean físicos, ergonómicos, químicos o psicosociales. Se recomienda construir una matriz o mapa de riesgos a partir de esta evaluación. «Acá se trabaja mucho de acuerdo a la población y a los indicadores socio demográficos que conforman una organización, porque no es lo mismo gestionar una población laboral joven, que una población laboral de 40 ó 50 años, porque las enfermedades inherentes son distintas», expresa Roxana Ligan. Luego de identificar el nivel de riesgo de las diferentes dimensiones que conforman esta variable y su eventual impacto en la empresa, se trazan los elementos que permitan gestionarlos. «Eso implica implementar acciones directas para cada uno de los componentes de la variable riesgo, vale decir, acciones dirigidas a reducir los riesgos ambientales, los riesgos químicos, los riesgos ergonómicos, etcétera», manifiesta Jorge Hudtwalcker. Acciones concretas Así, las acciones concretas pueden ser, por ejemplo, implementar una indumentaria adecuada, instalar muebles ergonómicos, trazar señales de seguridad, renovar la iluminación, mejorar el clima laboral, realizar chequeos médicos periódicamente, entre otros. Finalmente, los últimos procesos de la gestión son la medición y evaluación del desempeño. «Hay que tener siempre en cuenta dos objetivos generales: la prevención y promoción general de la salud de los trabajadores, así como la mejora de las condiciones de trabajo. Estos son los elementos básicos para una gestión de la seguridad y la salud en el trabajo» recomienda César Cano. Por otro lado, hay que tener presente que no solo los factores externos generan riesgos para la salud de los trabajadores, sino aspectos más inherentes a la organización como su cultura, que además implica una serie de elementos más como la comunicación, estilo de liderazgo, si existe o no políticas de reconocimiento, etcétera. En este sentido, las empresas deben evaluar también los riesgos psicosociales que son más difíciles de detectar, pues a veces no se manifiestan y cuando lo hacen es probable que ya hayan causado pérdidas importantes a la organización. «Considero que las compañías deben poner también atención a aquellos riesgos que no se ven pero que se dan y están ahí latentes», refiere Roxana Lingan. Entre lo que son los riesgos psicosociales, particularmente recomienda evaluar la estructura emocional del colaborador. Inversión El marco legal exige la implementación de sistemas de seguridad y salud que, sin duda, van a demandar recursos a las empresas, y su cuantía va estar en función de la actividad específica a la que se dedica. Empero, el razonamiento que subyace es que la inversión en la prevención va ahorrar costos relacionados a accidentes y enfermedades laborales a las organizaciones. Visto de otro modo, implementar un programa de salud ocupacional es menor al costo que genera para la empresa un daño ocasionado en la salud del trabajador; no solo referido a los costos directos relacionados a la reparación de la salud del colaborador, sino también la pérdida para la empresa en términos de productividad, por ejemplo. Estimaciones cuantitativas de la OIT aseveran que en los países en vías de desarrollo, el costo anual los accidentes y enfermedades profesionales representan entre el 2% y 11% del PBI. Esos cálculos aplicados al Perú implican un costo anual entre 2 mil millones de dólares y 14 mil millones. «Eso puede disminuirse con una cultura preventiva», comenta César Cano. Comparado con los gastos que genera la materialización de muchos de los riesgos laborales, la inversión en desarrollar un sistema de gestión de salud laboral está plenamente justificada para Roxana Lingan.


Las empresas peruanas En los últimos cinco años, la salud ocupacional ha venido cobrando un rol protagónico en las principales empresas del país, a causa del impacto positivo que genera así como por el establecimiento de un moderno marco normativo. «El sector que más ha avanzado en nuestro país es minería, tal vez debido a los elevados estándares que manejan las transnacionales que operan en esta actividad. Además, para este sector se han incluido innovaciones más rigurosas en el marco legal», comenta Jorge Hudtwalcker. Pero hay que decir que, dado su espíritu moderno, el Reglamento de Seguridad y Salud en el Trabajo, está siendo cuestionado por algunos detractores, cuyo principal reparo está en calificarlo como un marco normativo que responde a estándares del primer mundo y no a una realidad como la peruana. «Al margen, tal vez, de algunas exigencias exageradas del Reglamento, éste constituye un paso importante que ha dado el país en la dirección de la seguridad y salud laboral acorde con la importancia que se le brinda a este tema en el mundo», considera Orlando de las Casas. Hay que destacar que, considerando a todas las empresas que existen, un elevado porcentaje del total cae dentro de la categoría de informales, por lo tanto, se desconoce las medidas que se están tomando en esas empresas y los riesgos a los que están expuestos sus trabajadores. No se cuenta con información estadística referida a las enfermedades ocupacionales que nos pueda ofrecer un panorama global. «Pero, preocupa que, por ejemplo, solo el 3% de la Población Económicamente Activa está cubierto por un seguro compensatorio para accidentes de trabajo», advierte César Cano. Panorama futuro Como advierte Orlando de las Casas, a pesar que se han conseguido importantes logros, aún queda todavía mucho por hacer, especialmente en aquellos centros de trabajo donde aparentemente no existen riesgos y, por lo tanto, la empresa aún desconoce sus obligaciones. «Tal vez falta una mayor labor de difusión de parte de las autoridades administrativas, así como insistir más en las labores de inspección», considera Orlando de las Casas. Continuar estimulando una cultura de salud y prevención no solo va depender de los actores privados –empresas y consultoras- sino de todos los organismos suprasectoriales y ministerios. Por último, hay que reconocer que el avance que se vive actualmente respecto a la salud ocupacional es consecuencia no solo del carácter obligatorio del marco normativo, sino de una mayor consciencia y cultura en estos temas de parte de las empresas. Se ha progresado mucho en los últimos años y nuestros entrevistados coinciden en que las perspectivas son más auspiciosas aún.

Fuente: http://www.infocapitalhumano.pe/


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